24 de febrero de 2013

pomelo chino

Lo descubrí por casualidad el invierno pasado. Buscábamos un pomelo grande para hacer cajitas con la piel, y de pronto sin buscarlo, encontramos en un supermercado chino este pomelo de proporciones extraterrestres, enorme, de kilo la pieza.

Era el pomelo perfecto para lo que teníamos pensado. Lo compramos y claro, lo probamos, y oh! sorpresa, no sale una sola gota de zumo de el, y oh! sorpresa otra vez, no está amargo. Sabe a pomelo, pero no está amargo.



Este año me he hecho una auténtica viciosa del pomelo miel, o pomelo chino que también se dice, y toda una experta en el arte de pelarlo, que también tiene su ciencia.



Si no lo habéis probado os animo a hacerlo. El genial comerlo solo, como simple fruta, pero si queréis algo más sofisticado, probadlo en ensalada. Referescante y diferente.

Ah! Su piel no sirve para hacer cajitas, quien nos lo iba a decir.

17 de febrero de 2013

punto y quizás seguido....

Antes de navidad me apunté a clases de punto en el muy recomendable grupo de artistas de Idoproyect. Era es una de mis asignaturas pendientes, eso de hacer punto se me hace de lo más apetecible, o más bien se me hacía, porque 4 clases después me doy cuenta que soy absolutamente negada para el arte de tejer a dos agujas, pese a que mi profesora tiene una absoluta maestría, no sólo haciendo punto, sino también en el arte, no menos importante, de enseñar. Además es majísima.


Se hizo un parón en navidad, por las fiestas. Y me prometí seguir intentándolo después, pero... a quien quiero engañar? El punto no es lo mío.

Y mucha pena que me da, pero asumo que me tengo que conformar sólo con prendas que pueda comprar.


Zara, Mango, Massimo Dutti


Prometo intentar también el arte del crochet, a ver que tal.

3 de febrero de 2013

cítrico naranja











Hace como unos tres años probé por primera vez un kumquat. Desde el primer momento pensé que su mezcla de amargo con ácido y escaso dulce no la hacían muy apetecible para el consumo directo, pero que era una fruta perfecta para experimentar con ella. Además así cumplo una nueva entrega de posts dedicados a colores, y a algo más, claro: hoy naranja cítrico.

Desde luego lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en algún tipo de elaboración con el kumquat es hacer una mermelada.






















































































Y en esas estamos. Mi primera mermelada.

750 gr. de kumquats
2 tazas de té rooibos bien fuerte
1 taza de azúcar

Lavar la fruta, partir por la mitad y quitar los huesos y pellejitos centrales. Los huesos y pellejitos no se tiran porque ahí está la pectina, que es lo que hace que la mezcla final coja esa consistencia gelatinosa tan típica de la mermelada. Ponedlo todo en un paño y anudadlo bien para que no se salga nada durante la cocción.

Cortar las mitades en pedacitos más pequeños. Hacer dos tazas de té rooibos (o el que os de la gana, yo usé un rooibos con canela y jengibre para que la mezcla quedara algo especiada) que quede fuertecillo. Meter todo en una olla con el azúcar y llevar a ebullición. Dejar al fuego durante 20 ó 25 minutos, o hasta que veas que va cogiendo una consistencia de mermelada.


















Soy bastante difícil con las mermeladas: las típicas, las de fresa, melocotón o naranja, no me gustan nada. Siempre se me van los ojos hacia las que mezclan sabores, como las de varios tipos de frutas o las que se hacen con especias o con licores.

Esta es espectacular. El amargo y ácido del kumquat se equilibran con el azúcar y las especias del té y sobre una tostada con buena mantequilla la experiencia es redonda. Desayuno de dioses en domingo.

Nota: hoy estoy bastante contenta con las fotos que ilustran mi mermelada. Hoy sí.