27 de septiembre de 2014

guisantes y recuerdos

Cuando yo era pequeña mi abuela hacía a menudo un guiso de guisantes con tomate al que le cuajaba un huevo. Yo no recuerdo si el guiso lo hacía en verano o en invierno, probablemente lo hacía cuando se acordaba, cuando le cuadraba en el menú semanal, y esto lo intuyo porque lo hacía siempre con guisantes congelados ya que en Canarias, o bien no hay arvejas frescas (como se llaman los guisantes en mi tierra), o bien mi abuela no las compraba por cuidar de la economía familiar.

Yo no le tenía mucha simpatía al guiso en cuestión y durante años arrastré la creencia de que los guisantes eran la única verdura que no me gustaba. Después la cosa cambió, no sé aún porque razón, y los guisantes me gustaron, siempre que no fueran de lata y claro, preferí los frescos a los congelados.

Cuando esto ocurrió mi abuela ya no se acordaba de como se hacían los guisantes, ni ninguna otra receta de la que había sido experta. Mi abuela ya sufría Alzheimer y era inútil preguntarle nada.



La enfermedad de mi abuela fue larga y yo no estuve a su lado. Me dolía que la enfermedad no la dejara reconocerme, no sabía como tratarla, no sabía hablar con ella y me fui apartando poco a poco.

Sólo volví para decirle adiós, y ella esperó a que yo llegara para irse. De eso hace ahora poco más de cuatro meses.

Con ella se fueron muchas cosas, no sólo recetas... se fue la familia, se ha desintegrado una parte de mi vida, así sin más, y yo me he quedado con una sensación de vacío que nunca creí que pudiera existir.




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Crema de guisantes partidos (cual corazón)

300 gr. de guisantes secos partidos (puestos a remojo la víspera)
2 dientes de ajo machacados
1 cebolla cortada fina
100 gr. de zanahoria pelada y cortada a rodajas
2 ramitas de apio cortados en rodajas
Varias ramitas de cilantro (separando los tallos de las hojas)
1 cucharadita de comino en grano
1 cucharadita de pimentón dulce
Agua, sal
1 cucharada de vinagre de manzana
1 chorreón de aceite de oliva virgen extra


En una cazuela verter un poco del aceite de oliva a baja temperatura, añadir los ajos, la cebolla, el apio y la zanahoria y rehogar hasta que la cebolla esté suave. Añadir entonces el comino, los tallos de cilantro y el pimentón, remover y no dejar que el pimentón se queme ya que tiende a amargarlo todo.

Añadir los guisantes, a los que se les habrá retirado el agua donde han estado remojando, remover, y añadir agua hasta cubrirlos. Llevar todo a ebullición y bajar el fuego nuevamente a temperatura media. Dejar hacerse durante hora o hora y media, vigilando que no le falte agua y se peguen los guisantes al fondo.

Cuando vaya pasando el tiempo vereis que los guisantes se van deshaciendo y espesando el líquido de la cocción. Cuando los guisantes estén blandos, quitar del fuego, añadir un chorreón de aceite, la cucharada de vinagre, la sal y batir con una batidora de brazo hasta conseguir la textura deseada.

Esto ya de por sí es una comida energética y sana. Si la quieres completar algo más se puede hacer un huevo poché y ponerlo sobre la crema justo al momento de servir. Espolvorear todo con las hojas de cilantro bien picadas.

Reconforta el cuerpo y el alma.

* Esta receta no es la de mi abuela, es una interpretación que he sacado del libro "Nueva York. Las recetas de culto".

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... y aunque no pude preguntarle muchas cosas a causa de su enfermedad, mi abuela me transmitió el cariño por un buen montón de cosas que conforman lo que hoy soy yo... entre otras el gusto por un bonito ramo de flores, al que ella no renunciaba semana a semana.


Las de esta semana: nardos, lisianthus y limonium morado.

Hasta pronto.

14 de septiembre de 2014

manual para volver a la rutina

Intento ponerle barricadas a la depresión postvacacional, al final de las interminables horas de luz, a las piernas al aire, a la sandía, a las siestas de tres horas, y a tantas cosas que se nos van...

Me está costando Dios y ayuda volver a las obligaciones, a esas obligaciones que dan de comer al estómago, pero, salvo alguna breve excepción, nada alimentan al espíritu. Ya no... y quizás aún hay tiempo para cerrar y abrir nuevos capítulos.

Mientras tanto poco más se puede hacer que pertrechar nuestras barricadas con las mejores armas contra la tristeza, y en mi caso...

1. Comprar un vestido bonito en los últimos días de rebajas y saber que el verano que viene seguirá teniendo la ilusión del estreno.

Un par de años tiene este vestido colgado en mi armario, hasta este verano no lo he estrenado.


2. Volver a comprar flores sabiendo que el calor ya no las va a marchitar en dos días.

Estoy bastante orgullosa de esta composición floral que he conseguido, normalmente no me salen ramos tan bonitos...

3. Comprar un buen queso y comerlo sin remordimientos, los excesos se tapan mejor con jersey de cuello vuelto.

Stilton, no digo más...


Tenéis alguna fórmula para afrontar el final del verano?

Besos. Estamos de vuelta.